Esta es la cuarta y última parte de una serie sobre la respuesta sobre el terreno el 11 de septiembre de 2001, después de las partes sobre la evacuación del bajo Manhattan, la sobrecarga hospitalaria (hospital surge) que se preparó y nunca llegó, y los nueve meses de trabajo sobre la pila de escombros (the pile). Es una biografía de Rick Rescorla, quien dirigía la seguridad del inquilino más grande del World Trade Center y quien exigía que el personal de ese inquilino bajara las escaleras según un calendario, en parejas, sin importar si algo andaba mal o no. El resultado de esos ensayos es uno de los pocos lugares en todo este tema donde la preparación puede vincularse a una cifra concreta, y las razones por las que funcionó son institucionales y no personales.

Hayle, 1939, y qué muestra realmente el registro de la infancia

Nació el 27 de mayo de 1939 en Hayle, una pequeña ciudad industrial y portuaria en la costa norte de Cornualles, y la fecha y el lugar son consistentes en todas las fuentes que revisé, incluida la entrada de referencia compilada, el National September 11 Memorial and Museum, y un artículo publicado por el Ejército de los Estados Unidos (United States Army). Los nombres de pila aparecen registrados en dos órdenes distintos, ya que la entrada de Wikipedia lo presenta como Cyril Richard Rescorla, mientras que la entrada de blog del propio 9/11 Memorial sobre él usa Richard Cyril Rescorla, y no he encontrado un documento que resuelva cuál orden aparece en el registro de nacimiento. Se le conoció como Rick durante toda su vida adulta y así aparece registrado en los relatos del Ejército y del memorial sobre él. Esos pocos datos son el límite de lo que defendería sin reservas sobre sus orígenes, algo que vale la pena aclarar al comienzo de un artículo que contiene tantas afirmaciones verificables.

Los relatos sobre el hogar describen que creció con sus abuelos y su madre, quien trabajaba como ama de llaves y acompañante de personas mayores, y esto proviene de la literatura biográfica y no de ningún registro público que haya podido examinar. Hayle tuvo tropas extranjeras durante los años de la guerra, y relatos compilados afirman que en 1943 el pueblo sirvió como sede para fuerzas estadounidenses que se preparaban para operaciones en Europa, lo cual es consistente con la historia general de los puertos y campamentos de Cornualles en esa época. Las historias sobre el niño observando a los soldados estadounidenses, recibiendo equipo o atención de ellos, y decidiendo entonces que quería ser soldado, son anécdotas relatadas por biógrafos y por personas que recuerdan su propia infancia décadas después. No voy a escribirlas en modo declarativo, porque la diferencia entre un motivo documentado y uno recordado importa más en este artículo de lo que importaría en un perfil de revista.

Lo que se puede afirmar sobre la decisión misma es limitado. Gran Bretaña todavía tenía el servicio militar obligatorio (National Service) en esa época, por lo que todo joven enfrentaba dos años de conscripción, y alistarse voluntariamente por un período más largo era una forma reconocida de obtener mejor trato y elegir su arma. Los relatos publicados dicen que dejó Hayle alrededor de 1956 o 1957, a los diecisiete años, y que tomó la vía voluntaria en lugar de esperar a ser llamado, y las fuentes no coinciden sobre el año, algo a lo que volveré en la siguiente sección. Su condado tenía entonces poco empleo industrial restante y una larga tradición de enviar a sus jóvenes a trabajar en el extranjero, sobre todo en la minería de roca dura, así que dejar Hayle a los diecisiete años para ingresar al ejército era, para alguien en su posición, un curso ordinario y no uno excepcional.

El tipo de evidencia para todo lo que se cuenta en esta sección es de memorias y no de registro público. Casi todo se remonta al libro de James Stewart, Heart of a Soldier, publicado por Simon and Schuster en 2002, construido a partir de entrevistas con su viuda, con su amigo más cercano, Daniel Hill, y con personas que lo conocieron en Cornualles, y que surgió de un perfil que Stewart escribió para The New Yorker a comienzos de ese mismo año. El propio relato de Yale sobre una charla que Stewart dio en el campus en 2013 confirma que el artículo de la revista fue primero y que el libro surgió después. Stewart es ganador del Pulitzer y su trabajo periodístico es serio, pero de todos modos se trata de una reconstrucción de una infancia basada en entrevistas, hecha por un escritor que nunca conoció al sujeto, así que cualquier cosa en los primeros capítulos debe atribuirse a él y no presentarse como registro.

Los años de servicio británico, Chipre y Rodesia del Norte

El artículo publicado por el Ejército de los Estados Unidos en 2015 afirma que se alistó en el ejército británico en 1957, sirvió como paracaidista y estuvo destinado en Chipre y en Rodesia del Norte hasta su baja en 1960. La ficha de Wikipedia da sus años de servicio británico como 1956 a 1960, y una compilación secundaria describe que dejó Hayle en 1956 a los diecisiete años y se alistó en 1957 después de un período haciendo otros trabajos, así que la discrepancia de un año probablemente refleja la diferencia entre salir de casa y firmar el alistamiento. Tanto el artículo del Ejército como las referencias compiladas lo ubican en el Regimiento de Paracaidistas (Parachute Regiment) durante su instrucción, y varios relatos dicen que después sirvió con una unidad de inteligencia en Chipre en lugar de un batallón de paracaidistas de línea, lo cual es el tipo de detalle que resolvería su hoja de servicio británica y no ninguna fuente a la que yo pueda acceder.

El destino en Chipre se ubicó dentro de la Emergencia de Chipre (Cyprus Emergency), la campaña británica de contrainsurgencia contra la EOKA, la organización que luchaba por el fin del dominio británico y por la unión con Grecia, y que se extendió desde mediados de la década de 1950 hasta la independencia de Chipre en 1960. Los soldados británicos en esa campaña realizaron operaciones de cerco y registro, controles en carretera, internamiento e interrogatorios, y la conducta de la campaña ha sido objeto de críticas sostenidas y de litigios en las décadas siguientes. Sus condecoraciones británicas figuran en fuentes compiladas como la Medalla de Servicio General (General Service Medal) con la barra de Chipre, que es una condecoración de campaña y no una distinción por valor, e indica servicio en el teatro de operaciones y no una acción particular.

Al terminar su servicio, se unió a la Policía de Rodesia del Norte (Northern Rhodesia Police) como inspector con un contrato de tres años, y las fechas que se dan de manera consistente son 1960 a 1963. Rodesia del Norte era un territorio colonial británico y hoy es Zambia, que se independizó en 1964, y la Policía de Rodesia del Norte era la fuerza colonial territorial, que ejercía funciones policiales ordinarias junto con tareas paramilitares de seguridad interna en un territorio donde la mayoría africana no tenía representación política significativa y donde un movimiento nacionalista crecía justo en esos años. Un artículo crítico publicado en el sitio Medic in the Green Time señala que hay muy poco detalle disponible públicamente sobre sus funciones específicas como inspector, y razona a partir del carácter general de la vigilancia colonial para inferir qué implicaban probablemente esas funciones, y quiero marcar con claridad que esto es una inferencia de un comentarista y no algo documentado sobre él. Cuando un servicio se juzga hoy de manera distinta a como se juzgaba entonces, el tratamiento honesto consiste en nombrar el contexto político con precisión, señalar que el detalle de la participación de un hombre en él no está en el registro público, y dejarlo ahí.

Dos puntos menores corresponden aquí porque suelen enunciarse de manera imprecisa. El primero es que la ficha de Wikipedia registra servicio con el Metropolitan Police Service en Londres en 1963, entre Rodesia del Norte y su salida hacia los Estados Unidos, y no encontré confirmación independiente de eso, así que debe tratarse como no confirmado. El segundo tiene que ver con la contraportada de su propio editor, que lo describe uniéndose al ejército británico para combatir en una guerra colonial en Rodesia, una frase que no coincide con la hoja de servicio expuesta arriba, porque el servicio en el ejército fue en Chipre y el servicio africano fue como inspector de policía colonial en un territorio distinto de Rodesia del Sur. La imprecisión empieza así de temprano y en un lugar así de respetable, lo cual es razón suficiente para verificar los detalles de esta historia contra algo mejor que contraportadas de libros y citaciones de condecoraciones escritas para ceremonias.

Rodesia del Norte es también donde conoció a Daniel Hill, un estadounidense cuya descripción varía entre las fuentes, unas veces como oficial de Fuerzas Especiales, otras como soldado y otras como mercenario, y cuya amistad con Rescorla duró el resto de su vida y produjo la mayor parte del testimonio que sobrevive sobre su forma de pensar la seguridad. Hill lo animó a ir a los Estados Unidos y alistarse, según tanto el artículo del Ejército como el reportaje de Stewart, y Hill es la fuente, directa o a través de Stewart, de buena parte de lo que se publica sobre los años del World Trade Center. El lector debe tener presente esa dependencia durante todo el artículo, porque un único testigo bien situado que recuerda conversaciones privadas después de los hechos que describe es un tipo de evidencia específico y limitado.

El Ejército de los Estados Unidos, Ia Drang y la fotografía de la portada

Llegó a los Estados Unidos y se alistó en el Ejército de los Estados Unidos en 1963, recibió instrucción básica en Fort Dix según el propio artículo del Ejército sobre él, y luego fue seleccionado para la Escuela de Candidatos a Oficial (Officer Candidate School) en Fort Benning, Georgia. El año de graduación se da como 1964 en un relato publicado y como 1965 en otro, y como fue desplegado con la 1ª División de Caballería en 1965, cualquiera de los dos es posible según qué curso y qué fecha de nombramiento se esté contando, así que lo dejo como un nombramiento en 1964 o 1965 que las fuentes no resuelven. Fue asignado como jefe de pelotón a la Compañía Bravo, 2do Batallón, 7mo Regimiento de Caballería, en la 1ª División de Caballería (Aeromóvil), y todavía era ciudadano británico cuando fue a Vietnam, y se hizo ciudadano estadounidense en 1967 según el relato del 9/11 Memorial.

La página de la Defense POW/MIA Accounting Agency sobre el incidente del valle de Ia Drang lo identifica, por iniciales y apellido, como segundo teniente y jefe de pelotón en el 2do Batallón, 7mo Regimiento de Caballería, 1ª División de Caballería, el 16 de noviembre de 1965, lo cual es lo más cercano a una confirmación primaria de unidad y rango que pude conseguir. Los combates en el valle de Ia Drang se extendieron del 14 al 18 de noviembre de 1965, e involucraron dos acciones separadas que suelen fundirse en una sola. La primera fue en la Zona de Aterrizaje X-Ray, donde el 1er Batallón, 7mo de Caballería, bajo el teniente coronel Harold Moore, aterrizó el 14 de noviembre y combatió contra una fuerza norvietnamita numéricamente superior, con elementos del 2do Batallón llegando como refuerzo desde la noche del 14 de noviembre en adelante. La segunda fue en la Zona de Aterrizaje Albany el 17 de noviembre, donde el 2do Batallón, 7mo de Caballería, bajo el teniente coronel Robert McDade, fue emboscado mientras se movía en columna y sufrió bajas muy elevadas.

Los relatos publicados sobre Albany, incluido el resumen que ofrece We Are The Mighty, describen que la compañía de Rescorla fue traída de vuelta como refuerzo tras la emboscada, y lo describen como el único jefe de pelotón que quedaba en la compañía, dirigiendo la expansión del perímetro defensivo antes de que las unidades resistieran durante la noche. Las bajas estadounidenses en los combates de Ia Drang se reportan con totales distintos según se cuente solo X-Ray, solo Albany, o toda la serie de enfrentamientos, y no voy a publicar una cifra que no pueda fijar a un alcance declarado, así que para el registro de bajas remitiría al lector al libro de Moore y Galloway y a los registros de la unidad, y no a ningún resumen secundario, incluido este.

Sus condecoraciones figuran en fuentes compiladas como la Estrella de Plata (Silver Star), la Estrella de Bronce (Bronze Star) con una hoja de roble, el Corazón Púrpura (Purple Heart), la Cruz de Galantería vietnamita y la Insignia de Infante de Combate (Combat Infantryman Badge), además de la Medalla Presidencial de Ciudadanos otorgada póstumamente después de 2001. No pude obtener las citaciones oficiales de ninguna de las condecoraciones de combate, y las listas de condecoraciones reunidas por enciclopedias y artículos conmemorativos son exactamente el tipo de cosa que gana una medalla adicional a lo largo de veinte años, así que quien necesite ese registro debería solicitarlo en lugar de copiarlo de un sitio web. Vale la pena conservar una cita sobre su desempeño como soldado porque es el juicio de un compañero que estuvo presente: Pat Payne, quien fue jefe del pelotón de reconocimiento del 2do Batallón, 7mo de Caballería, en Ia Drang, aparece citado en relatos publicados sobre el servicio de Rescorla diciendo que era el mejor líder de combate que vio en Vietnam, y no pude rastrear esa cita hasta el medio original, así que debe tomarse como atribuida a Payne y reportada de segunda mano.

La fotografía es la parte de esta sección que se enuncia con más frecuencia de manera imprecisa. La primera edición del libro sobre Ia Drang del teniente general retirado Harold Moore y de Joseph Galloway, quien cubrió la batalla como reportero de United Press International, fue publicada por Random House el 20 de octubre de 1992 bajo el título We Were Soldiers Once and Young, y su portada lleva una fotografía de un oficial de infantería demacrado y sin rasurar, avanzando con la bayoneta calada en su fusil. La identificación de ese oficial como Rescorla está confirmada por la entrada de referencia del libro mismo y se afirma de manera consistente por veteranos del 2do Batallón y por relatos publicados por el Ejército, y no es un rumor. El fotógrafo aparece acreditado en varios relatos publicados, incluido un ensayo en Substack que reproduce la imagen con un crédito completo y un relato que cita a HistoryNet, como Peter Arnett de Associated Press, con la fecha dada como mediados de noviembre de 1965, y como no pude acceder al pie de foto original de la agencia, calificaría el crédito del fotógrafo como bien respaldado y no como verificado.

El pie de foto de esa fotografía de portada

Si usa la imagen en una sesión informativa (briefing), dos errores viajan con ella. El primero es el rango, ya que circulan pies de foto que lo describen como capitán Rescorla en Ia Drang, cuando el registro de la Defense POW/MIA Accounting Agency lo tiene como segundo teniente y jefe de pelotón en noviembre de 1965, y su rango eventual de coronel proviene de un servicio posterior en la Reserva del Ejército. El segundo es el crédito, que en relatos secundarios se da como Peter Arnett de Associated Press, pero que no pude confirmar contra un pie de foto de agencia, así que escríbalo como acreditado a Arnett y no como una afirmación categórica.

Los títulos, la docencia y el paso a la seguridad corporativa

Dejó el servicio activo en 1967 y usó el GI Bill para estudiar, y las instituciones son consistentes entre las fuentes: una licenciatura y una maestría de la Universidad de Oklahoma, ambas en inglés o en escritura creativa según el relato que se lea, y un título en derecho de la Oklahoma City University. Los relatos publicados dicen que después enseñó justicia penal durante unos tres años y escribió un libro de texto sobre el tema, y no pude confirmar la institución donde enseñó ni el título del libro de texto, así que ambos son vacíos que dejo abiertos en lugar de llenarlos. Nada de lo que encontré registra que ejerciera el derecho, y no voy a afirmar que nunca lo hizo basándome únicamente en el silencio de las fuentes secundarias.

Se mantuvo de uniforme a tiempo parcial durante todo ese tiempo. El artículo del Ejército afirma que continuó sirviendo en la Reserva del Ejército de los Estados Unidos y se retiró con el rango de coronel, y Wikipedia da sus años de servicio estadounidense como 1963 a 1990, lo cual situaría el retiro al final de ese período. Para un lector que trata de entender su comportamiento en un rascacielos, el servicio en la reserva importa más que los títulos, porque significa que durante un cuarto de siglo después de Vietnam pasó parte de cada año en una institución que planifica movimientos sobre el papel, los ensaya y luego critica el ensayo.

En 1985 se trasladó a Nueva Jersey, se instaló en Morristown, y se unió a Dean Witter Reynolds como profesional de seguridad en las oficinas de la firma en el World Trade Center, según tanto el artículo del Ejército como los relatos biográficos. La historia corporativa importa para quien cite esta historia, porque la empresa cambió de nombre bajo sus pies. Dean Witter Discover y Morgan Stanley se fusionaron en 1997 para formar Morgan Stanley Dean Witter and Company, y para 2001 la firma operaba y se reportaba como Morgan Stanley, cuando era el inquilino más grande del World Trade Center. La publicación del 9/11 Memorial lo describe como vicepresidente de seguridad corporativa en Dean Witter Morgan Stanley en 1993, y la propia historia de Morgan Stanley simplemente lo llama su director de seguridad, así que la forma más segura de escribirlo es Dean Witter Reynolds desde 1985, la firma fusionada desde 1997, y Morgan Stanley en el momento del ataque.

Lo que aportó al trabajo se ve en lo que hizo y no en nada que quede registrado que dijera sobre método. Trató el edificio como terreno por reconocer, lo cual para un oficial de infantería significa recorrerlo en persona en lugar de leer sobre él, identificar las rutas de salida y los puntos donde esas rutas pueden bloquearse, preguntar de qué elementos estructurales depende todo el conjunto, y luego ensayar el movimiento hasta que las personas que deben hacerlo puedan hacerlo sin que se les indique. Esa descripción es mi lectura de su comportamiento documentado durante los 16 años siguientes, ofrecida como análisis y no como una cita suya, y el comportamiento que explica es de otro modo difícil de justificar en un departamento de seguridad corporativa de finales de la década de 1980.

El recorrido de 1990 por el garaje y el atentado de 1993

La evaluación de vulnerabilidad es el episodio más adornado de esta historia, así que vale la pena exponer con precisión lo que respaldan las fuentes. Según relatos derivados del reportaje de Stewart, en 1990 Rescorla le preguntó a Daniel Hill, quien tenía instrucción en contraterrorismo, cómo atacaría él el World Trade Center si fuera el encargado de hacerlo, y Hill pidió ver el sótano. Los dos entraron a la zona de parqueo subterráneo sin que nadie los detuviera, y Hill identificó una columna de carga en el garaje como el punto a golpear, describiendo en su relato posterior el método de conducir un camión cargado de explosivos hasta ahí y alejarse caminando. La frase de Hill sobre lo que vio en el garaje, citada en los relatos que se remontan al artículo de Stewart en The New Yorker, fue que era un blanco fácil (soft touch).

Después produjeron una evaluación escrita, y aquí es donde la precisión empieza a importar. Los relatos publicados afirman que Rescorla y Hill escribieron un informe para la Port Authority of New York and New Jersey, propietaria del complejo, y que el informe presionaba por un control más estricto del garaje de estacionamiento y del acceso vehicular. Las recomendaciones eran costosas y no se adoptaron, y el relato de Hill sobre la reunión con un funcionario de seguridad de la Port Authority, según se cita en varias versiones secundarias del artículo de The New Yorker, los tiene recibiendo la respuesta de que los pisos del propio inquilino eran su asunto y el resto del edificio no. No pude encontrar la evaluación misma en el dominio público, el año se da como 1990 en los relatos que siguen a Stewart y como 1992 en al menos una versión compilada más antigua, y todo el episodio, tal como se ha publicado, descansa en el recuerdo de uno de los dos autores, relatado después tanto del atentado de 1993 como del ataque de 2001. Esa es una salvedad real y no disuelve el fondo del asunto, porque el fondo es acotado y verificable en su forma: dos hombres con formación militar entraron a un garaje sin seguridad bajo un edificio emblemático, escribieron al propietario sobre el acceso vehicular, y fueron rechazados.

Lo que la evaluación no hizo fue predecir un ataque aéreo. Su objeto, en todos los relatos que pude encontrar, fue el acceso vehicular a la subestructura y la protección de los elementos de carga en el garaje, lo cual es lo que la hizo relevante cuando una bomba en un camión detonó en el estacionamiento subterráneo el 26 de febrero de 1993, matando a seis personas y dejando más de mil heridos. Los hallazgos que quedaron por escrito antes y después de ese atentado, incluido lo que la evacuación de 1993 reveló sobre la iluminación, el humo en las escaleras y las comunicaciones, se tratan por separado en la sección de Comunicaciones de este sitio y no los repito aquí.

Su papel en 1993 está documentado a grandes rasgos y poco más. El relato del 9/11 Memorial afirma que era vicepresidente de seguridad corporativa en ese momento y que dirigió la evacuación de la empresa el día del atentado, y relatos compilados añaden que fue el último de la gente de su firma en salir del edificio, algo que trataría como plausible y atribuido y no como establecido. La evacuación de 1993 tomó horas en escaleras llenas de humo, con el sistema de altavoces y buena parte de la iluminación fuera de servicio, y sea lo que sea que sacó de esa experiencia, el registro muestra lo que hizo después, que fue dejar de esperar que los sistemas que no controlaba funcionaran y empezar a ensayar el único movimiento que sí podía controlar.

Qué es, como evidencia, la evaluación de 1990

Es el recuerdo de uno de sus dos autores, publicado en 2002 por un periodista que lo entrevistó, y describe un documento que no parece estar disponible públicamente y una reunión en la que no se nombra a ningún testigo independiente. Eso es suficiente para respaldar la afirmación de que Rescorla y Hill evaluaron el garaje y recomendaron controles de acceso vehicular a la Port Authority y fueron rechazados, y no es suficiente para respaldar ninguna cita específica de lo que decía el informe ni ninguna afirmación sobre lo que sus autores previeron más allá de una bomba vehicular en la subestructura. Si enseña este episodio, diga quién es la fuente en la misma frase en la que describe la evaluación.

Los simulacros, la frecuencia y quiénes se quejaron

Después de 1993 recomendó que la firma abandonara por completo el World Trade Center. El artículo del Ejército afirma que le recomendó a Morgan Stanley que se trasladara porque el complejo seguía siendo un objetivo, y relatos compilados añaden el detalle comercial de que el espacio de oficinas y la mano de obra eran más baratos en Nueva Jersey, y que él favorecía un edificio bajo allí. La recomendación no fue adoptada, y la razón que dan esos relatos es un contrato de arrendamiento que se extendía hasta 2006. La versión popular de esta parte lo tiene prediciendo un ataque aéreo contra las torres en términos cercanos a lo que ocurrió, y el respaldo de eso es el recuerdo de Hill sobre conversaciones privadas entre dos amigos, publicado después de los hechos, lo cual no es el mismo tipo de evidencia que la evaluación escrita del garaje y no debería presentarse como una predicción documentada. La versión defendible es más acotada y más útil para un planificador, ya que un director de seguridad que concluye que un edificio emblemático sigue siendo un objetivo, no logra que su empleador se traslade, y luego pasa ocho años ensayando la evacuación de veintidós pisos, está describiendo una adaptación profesional a haber sido desautorizado.

Lo que exigía se describe con más precisión en la propia historia publicada por su empleador, algo que vale la pena citar porque una historia corporativa no tiene incentivo para registrar que su propio personal se quejaba. La página de historia de Morgan Stanley afirma que estableció un plan de evacuación para los veintidós pisos que la firma ocupaba en la torre sur, que el plan mantenía a las personas en fila de dos en la escalera para que quedara un carril libre para los socorristas que subían, que los pisos superiores salían primero, y que ensayaba con la gente bajo su protección dos veces al año. El artículo del Ejército sobre él, en cambio, afirma que instituyó evacuaciones de emergencia cada tres meses, y la cifra trimestral es la que circula más ampliamente en los relatos. Esas dos cifras publicadas no coinciden, ambas provienen de fuentes con cierta autoridad, y la diferencia no es trivial para quien cite este caso como argumento sobre la frecuencia de los simulacros, así que la afirmación honesta es que la propia historia de la firma dice dos veces al año, mientras que el Ejército dice cada tres meses.

El mecanismo es la parte que se puede transferir a otros contextos, y no tiene nada que ver con el intervalo exacto, porque lo que hacía el programa era que la gente caminara la ruta. Dejaban sus escritorios, entraban a la escalera, bajaban en parejas con un espaciamiento controlado, y regresaban, lo cual significa que en la mañana en que importó estaban repitiendo un movimiento que sus piernas ya habían hecho, en lugar de interpretar una instrucción que oían por primera vez. Las torres no eran, por dentro, simples columnas verticales, y las escaleras de salida incluían puntos donde una escalera desembocaba en un pasillo de transferencia horizontal antes de continuar hacia abajo, así que el número de decisiones que una persona debía tomar entre un piso alto y la calle era mayor de lo que sugiere un plano. El National Institute of Standards and Technology examinó el comportamiento de los ocupantes, la evacuación (egress) y las comunicaciones de emergencia en uno de los volúmenes de su investigación sobre el World Trade Center, publicada en 2005, y ese volumen es el lugar donde obtener la geometría de las escaleras y los hallazgos sobre la evacuación, y no ningún relato narrativo.

Los simulacros eran impopulares, y las fuentes lo dicen sin necesidad de mucho estímulo. La propia historia de Morgan Stanley registra que los ensayos provocaron alguna queja ocasional y que algunas personas argumentaban que no necesitaban ser tan frecuentes, lo cual es prosa corporativa para describir la resistencia de personas cuyo tiempo era costoso. El libro de Amanda Ripley, The Unthinkable, publicado en 2008, trata los simulacros de Morgan Stanley como un estudio de caso exactamente de esta fricción, donde el costo de la preparación se paga en pequeños incrementos de incomodidad por parte de personas que no pueden ver el beneficio. Añadiría algo desde mi propio lado del trabajo, y es que un simulacro de este tipo no es un ejercicio, porque un ejercicio tiene objetivos, inyectos (injects), evaluadores y un plan de acción correctiva, y este sitio trata ese tema por separado en el artículo sobre cómo diseñar un ejercicio que encuentre problemas reales. Lo que produjeron sus ensayos fue familiaridad con la ruta en las piernas de las personas que la necesitarían, lo cual es algo más acotado y más mecánico que lo que produce un programa de ejercicios, y un departamento de seguridad que realiza ensayos sin evaluar nunca el plan conservará su conocimiento de la ruta, pero también conservará sus supuestos sin examinar.

La mañana, el anuncio y el último avistamiento

La secuencia y los horarios provienen del Informe Final de la National Commission on Terrorist Attacks Upon the United States, publicado en 2004, que registra el impacto de la primera aeronave contra la torre norte a las 8:46 a.m., el impacto de la segunda contra la torre sur a las 9:03 a.m., y el colapso de la torre sur a las 9:59 a.m. Rescorla estaba en la torre sur, en las oficinas de Morgan Stanley, cuando la torre norte fue impactada, y el intervalo disponible para él y para todos los demás en los pisos altos de su edificio entre los dos impactos fue de unos diecisiete minutos.

El anuncio por el sistema de altavoces de la torre sur es un hecho documentado, y con frecuencia se parafrasea de una manera más categórica de lo que respalda el registro. El capítulo de la Comisión sobre la respuesta registra un anuncio hecho por el sistema de altavoces de la torre sur hacia las 8:55 a.m. que decía que el edificio estaba seguro y que los ocupantes podían regresar a sus oficinas, y registra que los anuncios en ese edificio no fueron uniformes, con un anuncio posterior que recomendaba una evacuación ordenada poco antes de que la segunda aeronave impactara. La propia historia de Morgan Stanley resume esto como instrucciones de la Port Authority para mantener a su gente en sus escritorios, lo cual es una caracterización más firme que la redacción de la Comisión, y los relatos populares van todavía más lejos. Si la redacción exacta importa para su sesión informativa, tómela del capítulo de la Comisión y del volumen del NIST sobre el comportamiento de los ocupantes y las comunicaciones de emergencia, los cuales citan el texto de los anuncios y discuten quién hizo los anuncios desde el puesto de comando de incendios, y no la tome de un resumen narrativo.

Otro elemento del registro corresponde aquí, porque omitirlo distorsiona el estudio de caso. Tanto la Comisión como el estudio de ocupantes del NIST establecen que un gran número de ocupantes de la torre sur comenzó a salir por iniciativa propia durante esos diecisiete minutos, sin instrucción y en algunos casos en contra de lo que se les había dicho, así que el planteamiento correcto es que la firma de Rescorla evacuó de manera ordenada y ensayada dentro de un edificio donde la autoevacuación ya era generalizada. Lo que sus simulacros parecen haber cambiado es la velocidad y el orden del movimiento para una población específica de unos veintidós pisos, y no el simple hecho de que la gente saliera.

No aceptó el anuncio, y ordenó que sacaran al personal de su firma. Los relatos coinciden en la mecánica básica, que consiste en que usó primero el propio sistema de altavoces de la firma y luego un megáfono, que el personal bajó en parejas como habían practicado, y que él se movió por las escaleras mientras ellos descendían en lugar de bajar con ellos. La historia de Morgan Stanley afirma sin rodeos que dio la orden de evacuar antes de que impactara el segundo avión, y el relato del 9/11 Memorial lo tiene supervisando la evacuación de los empleados de la firma desde el edificio en llamas. Susan Rescorla ha descrito en relatos publicados que lo llamó por teléfono después de ver las noticias y que un colega le dijo que él estaba afuera con el megáfono, y el contenido de la última llamada que recibió de él se ha publicado en varios lugares, que no voy a reproducir aquí.

El canto está atestiguado, y está atestiguado de manera más laxa de lo que sugiere la versión popular. La publicación del 9/11 Memorial and Museum sobre él afirma que algunas personas que evacuaron recuerdan una voz calmada cantando God Bless America por un megáfono, y esa es la atribución más sólida que encontré, aunque se trata de un recuerdo colectivo y no de un relato con nombre. Otros relatos publicados lo describen cantando su propia versión de Men of Harlech, que es una canción militar galesa y no cornuallesa, aunque desde hace mucho tiempo también se canta en Cornualles, así que describir el canto como cornuallés es impreciso, aunque el hombre que lo cantaba lo fuera. No pude vincular ninguna letra específica al testimonio de un sobreviviente identificado, y hay una frase sobre que era un día para estar orgulloso de ser estadounidense que aparece en muchos relatos sin una fuente rastreable, así que no cito ninguna de las dos. Quien construya una sesión informativa sobre esto debería decir que los sobrevivientes recuerdan un canto, nombrar God Bless America con la autoridad del 9/11 Memorial, y detenerse ahí.

El último avistamiento queda registrado en dos formas compatibles. El artículo del Ejército afirma que fue visto por última vez subiendo más allá del piso diez mientras la torre colapsaba, y el relato del 9/11 Memorial afirma que fue visto por última vez subiendo las escaleras para hacer un último barrido en busca de otros empleados minutos antes de que el edificio cayera. Un recuerdo ofrecido por el teniente coronel Andrew Watson en una ceremonia de dedicación en 2015, reportado en relatos secundarios, tiene a Rescorla respondiendo a personas que le decían que su propio personal ya estaba afuera, señalando hacia arriba en la escalera y diciendo que había más gente allá arriba, y eso es un recuerdo relatado catorce años después y no un registro contemporáneo. Sus restos no fueron recuperados, según los relatos publicados de su muerte, y ningún relato verificado establece nada más sobre sus últimos minutos.

De dónde viene la cifra de 2687

La cifra que se cita en todas partes como las vidas que salvó es una operación aritmética y no un conteo, ya que la historia de Morgan Stanley da casi 2700 empleados de la firma en la torre sur y trece muertos de Morgan Stanley, y 2700 menos 13 son 2687. Es una afirmación defendible sobre cuántas personas del personal de la firma en la torre sur sobrevivieron, y no es un conteo de personas que él sacó personalmente, porque el movimiento fue ejecutado por cientos de personas siguiendo una ruta ensayada, y las escaleras también contenían ocupantes de otros pisos y otras firmas. Úsela como la cifra de supervivencia de la población de un inquilino, nombre la fuente, y no la presente como un conteo de rescates.

La cifra, las partes que suelen omitirse y lo que respalda el registro

La cifra más importante de este artículo necesita que se declare su alcance junto con ella. La historia publicada por Morgan Stanley dice que la firma era el inquilino más grande del World Trade Center ese día, con casi 2700 empleados en la torre sur y otros 1000 en el 5 World Trade Center, y que de las 2606 personas que murieron dentro y alrededor del complejo, trece trabajaban en Morgan Stanley. La publicación del National September 11 Memorial and Museum da el mismo conteo y describe a los trece como empleados y consultores de Morgan Stanley que no pudieron salir del edificio a salvo, con Rescorla entre ellos. Algunos relatos publicados dan la cifra como seis en lugar de trece, y el número más bajo aparece en relatos que lo describen como empleados que murieron específicamente en la torre sur, así que la explicación probable de la diferencia es que las dos cifras cuentan poblaciones distintas, es decir, muertes en toda la firma incluyendo consultores y personal contratado en un caso, y una categoría más acotada en el otro. No pude determinar qué población pretende cada fuente, así que la afirmación precisa es que Morgan Stanley y el 9/11 Memorial publican ambos trece, que otros relatos publican seis, y que esas fuentes no coinciden.

Miembros de su propio personal de seguridad estaban entre los muertos, un hecho que la cifra de supervivencia tiende a ocultar. Relatos publicados nombran a Wesley Mercer, vicepresidente de seguridad corporativa que trabajaba bajo su mando, entre los fallecidos, y describen que otro personal de seguridad también murió, y no pude obtener una lista verificada de los trece, así que nombro solo lo que las fuentes nombran y dejo el resto sin contar en lugar de estimarlo. El punto no es decorativo, porque las personas que dirigieron la evacuación fueron, de manera desproporcionada, las que se quedaron en el edificio mientras este se evacuaba, y cualquier agencia que adopte este caso como modelo debe entender que distribuye el riesgo hacia el personal que sostiene los megáfonos.

Lo que la cifra establece es limitado y vale la pena decirlo con precisión. Un inquilino con aproximadamente 2700 personas repartidas en veintidós pisos altos de la torre que fue impactada segunda perdió a trece de ellas, en un edificio donde el intervalo entre el impacto en esa torre y su colapso fue de cincuenta y seis minutos, y el factor que señala todo relato publicado es que esas personas habían recorrido la ruta repetidamente antes de ese día. Lo que la cifra no establece es un contrafactual, porque nadie puede decir cuántas de ellas habrían muerto sin los simulacros, y no respalda ninguna comparación con otras organizaciones del complejo, que enfrentaron pisos distintos, condiciones de escalera distintas, tiempos de aviso distintos y, en la torre norte, ninguna vía de salida sobreviviente por encima de la zona de impacto. No voy a usar este registro para calificar a nadie más, y una sesión informativa que lo use de esa manera está afirmando una comparación para la cual los documentos de base nunca fueron pensados.

La biografía también tiene que cargar con las partes que suelen omitirse, porque una historia de vida sin la fricción es un anuncio publicitario y no enseña nada sobre cómo sobrevive la preparación dentro de una organización real. Estuvo gravemente enfermo durante la mayor parte de los años en que dirigió los simulacros, y relatos biográficos derivados del reportaje de Stewart afirman que le diagnosticaron cáncer de próstata en 1994, que le operaron para extirpar la próstata, y que tuvo una recaída unos cuatro años después que se trató con inyecciones y medicamentos que lo dejaron hinchado y deshidratado, así que el hombre que dirigía los simulacros hasta finales de la década de 1990 lo hacía bajo tratamiento por una recaída de cáncer. Se había casado con Susan Greer el 20 de febrero de 1999, en St. Augustine, Florida, con Daniel Hill como padrino, tras un matrimonio anterior en 1972 y un divorcio, y tenía sesenta y dos años en septiembre de 2001.

Los simulacros eran genuinamente impopulares y él no era, para todos, fácil de tratar. La propia historia de Morgan Stanley admite las quejas sobre la frecuencia, y el comentario crítico que existe, incluido el ensayo de Medic in the Green Time que objeta la hagiografía a su alrededor, señala su gusto por el oficio de soldado y su larga asociación con Hill como partes del cuadro que la versión conmemorativa omite. La mayor parte del testimonio publicado sobre su personalidad proviene de personas que lo admiraban, lo cual significa que el registro en este punto es escaso, y no voy a construir sobre él una evaluación de carácter más allá de lo documentado, es decir, que un oficial superior de seguridad interrumpió repetidamente el trabajo de personas bien pagadas que no querían ser interrumpidas, y siguió haciéndolo durante ocho años.

De este registro salen hallazgos institucionales. El primero es que la evacuación funcionó porque la gente había caminado la ruta, y no porque hubiera recibido una buena instrucción ese día, lo cual significa que lo transferible es el caminar y no la instrucción, y también significa que un plan distribuido por correo electrónico no ha producido el efecto descrito en este artículo. El segundo es que alguien tenía que sostener la autoridad para actuar en contra de una instrucción que llegaba por el propio sistema de altavoces del edificio, y Rescorla sostenía esa autoridad porque era el director de seguridad de la firma, con un plan permanente para sus pisos, es decir, que la autoridad existía desde antes de esa mañana y no se afirmó durante ella. El tercero es que la persona que insiste en los simulacros resulta impopular hasta que los simulacros hacen falta, y tratar eso como un problema de carácter no lleva a la organización a ningún lado, porque la solución es estructural: el calendario y la autoridad tienen que quedar en un documento con un responsable identificado y una fecha de revisión, de modo que el programa sobreviva a la salida de la única persona dispuesta a ser mal vista.

Esta entrega cierra la serie. Las partes uno a tres trataron el desplazamiento de la población diurna de un distrito fuera de una isla sin autoridad de asignación, la sobrecarga hospitalaria que se preparó y no llegó, y los nueve meses de trabajo sobre los escombros y el registro de exposición que no se mantuvo, y la sección de Comunicaciones lleva la historia de mando y control y el registro de políticas que siguió. Para esta parte, la base de evidencia es una página de historia corporativa que da trece muertos de casi 2700 en la torre sur, una entrada de museo memorial que da el mismo conteo para empleados y consultores, un artículo del Ejército y un conjunto de relatos biográficos que casi todos se remontan a las entrevistas de un solo periodista con dos testigos sobrevivientes, y una investigación federal que examinó las escaleras y los anuncios sin examinar el programa de simulacros de ningún inquilino en particular. Quien enseñe este caso debería decir en voz alta de cuál de esas fuentes proviene cada afirmación.

Qué hacer en su agencia

  • Pregúntele a su gerente de instalaciones o al propietario del edificio la fecha del último simulacro completo de evacuación en el edificio que ocupa su agencia, y establezca a partir de la hoja de firmas si las personas que trabajan allí caminaron la ruta hasta el punto de encuentro o si solo recibieron una explicación en una reunión.
  • Elija el único edificio en su jurisdicción donde su propio personal trabaje por encima del tercer piso, y haga que un supervisor recorra cada escalera de salida desde el último piso hasta la calle este mes, anotando puertas cerradas con llave, descansos bloqueados, pasillos de transferencia y dónde desemboca realmente la escalera.
  • Anote el nombre y el cargo de la persona autorizada para ordenar la evacuación de su instalación, y si nadie puede responder esa pregunta en una sola frase, póngalo en la agenda de la próxima reunión de personal que ya tenga programada hasta que tenga un nombre asociado.
  • Establezca por escrito si esa persona puede ordenar una evacuación en contra de una instrucción de un propietario, un director de seguridad contra incendios del edificio, una autoridad del campus u otra agencia, y si la respuesta no es clara, aclárela en su plan de emergencia o en un anexo del contrato de arrendamiento en lugar de dejarla para descubrirla después.
  • Revise la fecha de la última actualización del párrafo de su plan de operaciones de emergencia o de continuidad que otorga la autoridad de evacuación, y si ese párrafo tiene más de tres años o es anterior a su jefe actual, redáctelo de nuevo y hágalo firmar.
  • Designe a una sola persona como responsable del calendario de simulacros, con una fecha de revisión, para que el programa no dependa de la disposición de un solo individuo a ser impopular, y comuníquele por escrito que las quejas sobre la frecuencia van al jefe y no a esa persona.
  • Si su agencia enseña este caso en capacitaciones, corrija los dos errores que lo acompañan habitualmente, señalando que la frecuencia de los simulacros se publica como dos veces al año según Morgan Stanley y como cada tres meses según el Ejército, y que la cifra de 2687 es un conteo de supervivencia del personal de un inquilino en la torre sur y no un recuento de rescates personales.

Puntos clave

  • Rick Rescorla nació el 27 de mayo de 1939 en Hayle, Cornualles, sirvió en el ejército británico de aproximadamente 1957 a 1960, incluido un destino en Chipre durante la Emergencia de Chipre, y luego sirvió como inspector en la Policía de Rodesia del Norte de 1960 a 1963, en el territorio que hoy es Zambia.
  • Se alistó en el Ejército de los Estados Unidos en 1963 y combatió en Ia Drang en noviembre de 1965 como segundo teniente y jefe de pelotón en la Compañía Bravo, 2do Batallón, 7mo Regimiento de Caballería, 1ª División de Caballería, lo cual confirma el registro de la Defense POW/MIA Accounting Agency en cuanto a unidad y rango.
  • El oficial en la portada de la primera edición de We Were Soldiers Once and Young, de Moore y Galloway, publicada por Random House en octubre de 1992, es Rescorla, y el fotógrafo se acredita en relatos secundarios como Peter Arnett de Associated Press, un crédito que no pude confirmar contra un pie de foto de agencia.
  • La evaluación que hizo con Daniel Hill en 1990 se refería al acceso vehicular y a una columna de carga en el garaje de estacionamiento subterráneo, se entregó a la Port Authority of New York and New Jersey y no se actuó sobre ella, y todo el episodio, tal como se ha publicado, descansa en el recuerdo de Hill según lo reportó James Stewart en 2002, y no en un documento disponible públicamente.
  • Después del atentado del 26 de febrero de 1993 recomendó que su empleador abandonara el complejo y fue desautorizado por un contrato de arrendamiento que se extendía hasta 2006, y la afirmación popular de que predijo un ataque aéreo descansa en el recuerdo de conversaciones privadas publicado después de los hechos, y no debería enunciarse como algo documentado.
  • La propia historia publicada de Morgan Stanley da la frecuencia de los simulacros como dos veces al año, con descenso en fila de dos, un carril despejado para los socorristas y los pisos superiores primero, mientras que el artículo del Ejército sobre él dice cada tres meses, y esas dos cifras publicadas no coinciden.
  • El Informe de la Comisión del 11 de septiembre registra un anuncio por el sistema de altavoces de la torre sur hacia las 8:55 a.m. que decía que el edificio estaba seguro y que los ocupantes podían regresar a sus oficinas, y también registra que muchos ocupantes de esa torre ya estaban saliendo por iniciativa propia antes de que la segunda aeronave impactara a las 9:03 a.m.
  • Morgan Stanley y el 9/11 Memorial publican ambos trece muertos de Morgan Stanley de casi 2700 empleados de la firma en la torre sur, otros relatos publican seis, esas fuentes no coinciden, y miembros del propio personal de seguridad de Rescorla estaban entre los muertos, incluido Wesley Mercer según relatos publicados.
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