El huracán Camille tocó tierra en la costa del Golfo de Mississippi a última hora del 17 de agosto de 1969, como una tormenta de categoría 5, y junto con las viviendas, los puentes y largos tramos de la carretera U.S. 90 destruyó la red telefónica cableada de la que dependía la costa. Durante un período después del impacto, buena parte del tráfico que importaba circuló por radio, a través de estaciones de agencias que conservaban energía y de radioaficionados que trabajaban con baterías y generadores. Este artículo cubre lo que el registro permite afirmar sobre ese colapso, por qué las distintas fuentes citan de manera diferente la cifra de muertos de Camille, y cuáles son las historias populares sobre la tormenta que dejo por fuera y por qué.
- La tormenta y el conteo: lo que establece el registro
- Cómo falló la red cableada: postes, agua, energía y líneas arrendadas
- La radio en la costa en 1969: con qué contaban las agencias y los radioaficionados
- Tres tipos de tráfico: emergencia, logística y salud y bienestar
- La historia del Richelieu y otros relatos: lo que dejo por fuera y por qué
- Condado de Nelson, dos días después: la inundación interior y su propio conteo
- Lo que realmente respalda el papel documentado de la radio
- Las mismas dependencias en un sistema moderno
- Qué hacer en su agencia
- Puntos clave
La tormenta y el conteo: lo que establece el registro
Camille se formó en el Caribe occidental a mediados de agosto de 1969, cruzó el extremo occidental de Cuba y se fortaleció con rapidez sobre el Golfo de México, pasó sobre el delta inferior del río Mississippi en Luisiana y luego tocó tierra en la costa de Mississippi cerca de Bay St. Louis y Waveland a última hora de la noche del 17 de agosto, con lo peor del viento y del agua llegando alrededor de la medianoche y durante las primeras horas del 18 de agosto. En 1969 la Oficina Meteorológica (Weather Bureau) formaba parte de la Environmental Science Services Administration, porque la NOAA aún no existía, y el Centro Nacional de Huracanes en Miami emitía los avisos. La tormenta era de categoría 5 al tocar tierra, y un reanálisis de la NOAA publicado a mediados de la década de 2010 redujo la estimación del viento máximo respecto de la cifra del registro original, aunque Camille siguió siendo categoría 5 con los números revisados. Las publicaciones de la NOAA ubican la marea de tormenta (storm tide) máxima en aproximadamente 24 pies cerca de Pass Christian, y quien necesite la cifra exacta debe tomarla de la NOAA y citarla desde allí.
La cifra de muertos es donde se equivocan los relatos descuidados. El total más citado es 256, que suma unas 143 muertes a lo largo de la costa del Golfo con 113 en las inundaciones de Virginia que siguieron dos días después, y esas son las cifras que se atribuyen en general al conteo del Centro Nacional de Huracanes; el propietario de este sitio me pidió que las trate como el punto de referencia común, y así lo hago aquí. Sin embargo, hay otras cifras impresas, pues algunos resúmenes posteriores dan un total algo mayor y las fuentes de Virginia, incluidas las historias del condado de Nelson, reportan para ese solo condado un número mayor que la cifra de todo el estado de Virginia incluida en los 256. Además, cada recuento tuvo que decidir qué hacer con las personas reportadas como desaparecidas que nunca fueron halladas, y los distintos compiladores decidieron de manera diferente. Doy la cifra común con su fuente y señalo que las otras no coinciden, sin promediarlas y sin escoger la mayor.
Yo no estuve en la costa del Golfo ni en Virginia en 1969, y nada de este artículo proviene de observación personal, así que cada vez que describo en general cómo funcionaba un sistema telefónico o de radio de 1969 me baso en cómo se construían esos sistemas en la época, y lo digo, lo cual es distinto de un relato verificado sobre una instalación específica de esa costa, y mantengo ambas cosas separadas.
Si usted presenta Camille en una clase, diga “256, la cifra que se atribuye comúnmente al Centro Nacional de Huracanes, incluidas las inundaciones de Virginia”, y agregue que otras fuentes, entre ellas fuentes de condados de Virginia, dan números diferentes. Un 256 sin más en una diapositiva invita al siguiente instructor a descartar la mitad de Virginia o a reemplazarlo por una cifra de un sitio web sin ninguna fuente. Sus informes posteriores a la acción (after-action reports) merecen el mismo trato, de modo que la cifra de víctimas siempre viaje con el nombre de quien la publicó y la fecha.
Cómo falló la red cableada: postes, agua, energía y líneas arrendadas
No tengo un inventario verificado de cuáles instalaciones telefónicas de la costa de Mississippi fallaron, en qué orden o durante cuánto tiempo, y por eso no voy a inventar uno. Lo que sí puedo describir es cómo se construía en 1969 una red del Bell System sobre una llanura costera baja y, por lo tanto, cómo una tormenta de la fuerza de Camille la desarmaría, y en ese sentido la mayor parte del cable de distribución local iba aéreo sobre postes, a menudo los mismos que sostenían las líneas de distribución eléctrica. El viento que derriba los postes de energía derriba con ellos el cable telefónico, y los escombros que cortan uno cortan el otro, mientras que el cable enterrado y las centrales telefónicas (central offices) que alojaban los equipos de conmutación quedaban expuestos a la marejada ciclónica (storm surge), y en una costa donde la marea de tormenta alcanzó cerca de 24 pies según las cifras de la NOAA, el agua salada llegó a lugares que nadie había diseñado para mantener secos.
La energía fue el segundo modo de falla, porque una central de esa época funcionaba con grandes bancos de baterías cargados desde la red comercial, con generadores de respaldo en muchas ubicaciones. Las baterías mantienen una central durante horas y un generador la mantiene mientras tenga combustible y se encuentre por encima del agua, de modo que una vez perdida la energía comercial en toda la costa y con las vías bloqueadas por escombros, hacer llegar combustible a los generadores se convirtió en un problema en sí mismo. Los teléfonos del lado del cliente en 1969 recibían su energía de la central a través de la línea, lo cual ayudaba mientras sobrevivieran la central y el cable, porque un teléfono residencial no necesitaba electricidad doméstica, pero una vez que desapareció el cable entre la casa y la central esa ventaja de diseño dejó de servir de algo.
La falla que más importa a un lector de seguridad pública es la que estaba oculta dentro del sistema de radio. Muchas estaciones base de policía y bomberos de esa época se operaban por control remoto, es decir, el despachador estaba ante una consola en un edificio mientras el transmisor y la antena se hallaban en una torre en otro lugar, conectados por un par telefónico arrendado, y la compañía telefónica también transportaba los circuitos de teletipo que enlazaban a las agencias de policía y las oficinas meteorológicas. Cuando fallaba la planta externa (outside plant), una consola de despacho podía perder la capacidad de activar el transmisor de una torre aunque el transmisor estuviera intacto, y un circuito de teletipo podía quedar muerto sin daño en ninguno de sus extremos, por lo que la falla de la red cableada en 1969 alcanzaba a la radio de las agencias dondequiera que un par telefónico se interpusiera entre la consola y la torre, y una agencia que veía la radio como su respaldo del teléfono podía descubrir que su radio también dependía del teléfono.
La radio en la costa en 1969: con qué contaban las agencias y los radioaficionados
La radio de seguridad pública en 1969 era convencional, analógica y de FM, sobre todo en las bandas VHF baja y alta, con algo de UHF, y no existían la troncalización ni el controlador de sistema, de manera que un canal era simplemente un par de frecuencias o una sola frecuencia. Esa sencillez tenía una ventaja en los desastres, pues un radio móvil en una patrulla o en una máquina de bomberos no necesitaba más que la batería del vehículo y una antena en buen estado, y dos móviles en el mismo canal podían por lo general hablar directamente si estaban lo bastante cerca, sin ninguna torre en el camino. Una estación base con su propio generador y un punto de control local, en lugar de uno remoto sobre un par telefónico, seguía funcionando mientras la torre permaneciera en pie, el generador trabajara y el edificio se mantuviera seco. Describo cómo se comportaba el equipo de la época y no informo cuáles estaciones específicas de esa costa siguieron en el aire, porque no tengo ese registro en una forma que yo citaría.
Los radioaficionados aportaron un conjunto distinto de capacidades, porque la banda lateral única (single sideband) en alta frecuencia podía llegar mucho más allá del área de la tormenta, lo cual importaba porque el destino útil de buena parte del tráfico estaba fuera de ella, en una oficina de la Cruz Roja, en una agencia estatal o en una familia de otro estado. Muchos operadores tenían sus propios generadores e instalaciones móviles y no dependían de ninguna torre, línea arrendada o centro de conmutación, y aunque los repetidores de FM en dos metros se estaban extendiendo en 1969, ni de lejos eran tan comunes como llegaron a serlo, de modo que la mayor parte del trabajo aficionado de larga distancia en ese período se hacía en HF.
Existían varias estructuras organizadas para ese trabajo aficionado. El Servicio Civil de Emergencia de Radioaficionados (Radio Amateur Civil Emergency Service, RACES) había sido establecido por la FCC a comienzos de la década de 1950 para la operación de aficionados en apoyo de la defensa civil, la ARRL manejaba su propia organización de emergencia y un Sistema Nacional de Tráfico (National Traffic System) construido para retransmitir mensajes escritos formales por todo el país mediante redes programadas, y las fuerzas armadas operaban el Sistema de Afiliados Militares de Radio (Military Affiliate Radio System, MARS), que usaba aficionados con licencia y estaciones militares para pasar tráfico. Cuánto transportó cada una de estas estructuras después de Camille, y a través de qué redes y estaciones, es asunto de las fuentes primarias, y lo trato en la sección sobre los relatos.
Tres tipos de tráfico: emergencia, logística y salud y bienestar
El tráfico que la radio debe transportar después de un desastre se divide en unos pocos tipos que se comportan de manera distinta en el aire. El tráfico de emergencia se refiere a amenazas inmediatas para la vida, como el reporte de personas atrapadas, una solicitud de evacuación médica o una advertencia de que una estructura o un dique está fallando. El tráfico de logística es el trabajo de conducir la respuesta, que abarca solicitudes de agua, combustible, generadores, suministros médicos y personal, junto con los reportes de estado para quien esté coordinando. El tráfico de salud y bienestar (health-and-welfare traffic) es la avalancha de mensajes entre los sobrevivientes y el mundo exterior, ya sean consultas de familiares en otros lugares que preguntan si alguien está vivo o mensajes salientes de sobrevivientes que dicen que lo están. El formato de radiograma de la ARRL reflejaba esta clasificación con sus niveles de precedencia de emergencia, prioridad, bienestar y rutina, de modo que una estación de control de red pudiera mover los mensajes de seguridad de vida por delante de todo lo demás.
El tráfico de salud y bienestar es la categoría que entierra una red de radio, y explica por qué la caída del teléfono hizo daño más allá de la respuesta misma, ya que cuando una costa pierde el servicio cableado, cada familia de otro lugar con un pariente en esa costa tiene un motivo para intentar comunicarse con él, y los únicos canales que quedan son los canales de radio que ya llevan el trabajo de emergencia y logística. Las consultas entrantes desde fuera de una zona de desastre suelen superar lo que un puñado de redes puede entregar, porque cada consulta exige que alguien en el terreno encuentre a una persona específica en una dirección que quizá ya no exista. Describo el patrón general documentado en la práctica aficionada de manejo de tráfico y visto en desastre tras desastre, y no atribuyo cantidades de mensajes a Camille porque no tengo una cifra verificada que dar.
La dirección inversa, los mensajes salientes de los sobrevivientes, es mucho más fácil de manejar, porque el remitente está frente al operador y el mensaje va a una dirección que aún existe, y la práctica actual de la Cruz Roja refleja la misma lección con sistemas de registro que permiten a los sobrevivientes publicar su propio estado para que sus familiares lo busquen, en lugar de enviar buscadores con formularios de consulta. Una agencia que funcione bien debe sacar de esto una enseñanza práctica: un canal de radio asignado al tráfico de emergencia y logística será presionado para cargar también con el tráfico de bienestar, y si nadie decide de antemano adónde va ese tráfico, terminará en el canal que sea más fácil de alcanzar.
La historia del Richelieu y otros relatos: lo que dejo por fuera y por qué
El relato más repetido sobre Camille se refiere a los apartamentos Richelieu en Pass Christian, donde, según la versión popular, los residentes celebraron una fiesta del huracán y la mayoría murió cuando la marejada destruyó el edificio, y esa historia está en disputa, por lo que la rotulo así antes de decir cualquier otra cosa sobre ella. Los reportajes posteriores y los testimonios de sobrevivientes discrepan sobre si hubo siquiera una fiesta, sobre cuántas personas había en el edificio y sobre cuántas murieron allí, y la versión que circula en presentaciones y sitios web tiende a llevar las cifras más altas y el enfoque más moralizante. El edificio fue destruido y allí murieron personas, pero no repito ningún relato particular de lo que ocurrió en su interior, porque las versiones publicadas se contradicen y no puedo decirle cuál es la correcta.
Las historias de radio conllevan el mismo riesgo, y no incluyo ninguna. Los relatos sobre un operador en particular que retransmitió una solicitud de rescate en particular, o sobre una estación concreta que fue el único enlace con el exterior de un pueblo concreto, circulan en el folclor de la radioafición sobre Camille como en el de la mayoría de los grandes desastres. Algunos pueden ser exactos, pero no he verificado ninguno contra una fuente primaria, y la instrucción para este artículo fue evitar anécdotas de rescate sin fuente, pues una historia de rescate que resulta errónea en sus detalles puede dañar la credibilidad de todo lo que la rodea cuando alguien en la audiencia conoce la versión real, y eso es un mal negocio a cambio de un párrafo vistoso.
Quien quiera el registro documentado de la radioafición debe empezar por las fuentes primarias. La revista QST de la ARRL, en los meses posteriores a la tormenta, es donde aparecería el reporte de la propia comunidad aficionada de ese período, y los miembros de la ARRL pueden consultar su archivo. Los archivos estatales y las colecciones de historia oral de instituciones de Mississippi son el lugar para buscar relatos en primera persona, y la Cruz Roja Americana y las agencias que participaron en la respuesta llevaron sus propios registros. Cuando usted encuentre un relato específico en alguno de esos lugares, cite el número de la revista, la colección o el documento, para que la siguiente persona pueda comprobarlo.
Cuando una historia de desastre está en disputa, la disputa pertenece a la oración que la presenta y no a una nota al pie tres párrafos más adelante. Contar la historia del Richelieu tal cual y corregirla después deja a la audiencia con la historia, y la corrección rara vez se queda. La misma regla vale para el folclor de la radio: si usted no puede nombrar dónde se publicó un relato, déjelo fuera de la diapositiva de capacitación.
Condado de Nelson, dos días después: la inundación interior y su propio conteo
Camille se debilitó al avanzar tierra adentro por Mississippi hacia Tennessee y Kentucky, y para cuando sus restos llegaron a Virginia el 19 de agosto ya no era un huracán bajo ningún criterio, aunque la lluvia que produjo allí fue catastrófica de todos modos. Durante la noche del 19 al 20 de agosto cayó una lluvia extrema sobre las laderas de la cordillera Blue Ridge en el condado de Nelson y áreas cercanas, que desencadenó crecidas repentinas y flujos de escombros que destruyeron viviendas a lo largo de las cañadas y llevaron al río James a una inundación mayor aguas abajo. Las historias publicadas de la inundación describen lluvias muy superiores a lo pronosticado, y los totales de lluvia citados para las zonas más afectadas provienen en buena parte de levantamientos posteriores al evento basados en cubos y recipientes en lugar de pluviómetros estándar, y como las estimaciones varían, aquí no repito ninguna cifra.
El condado de Nelson es donde la disputa sobre el número de muertos pesa más, ya que la cifra nacional común de 113 muertes en Virginia está dentro del total de 256, mientras que las fuentes del condado de Nelson dan un conteo mayor solo para ese condado, y la diferencia refleja distintas maneras de contar a las personas desaparecidas y a las víctimas identificadas más tarde. Quien escriba sobre la inundación de Virginia debe tomar la cifra de una fuente con nombre, el conteo del Centro Nacional de Huracanes o los registros del propio condado, y decir cuál utilizó.
La historia de las comunicaciones en Virginia fue distinta de la de la costa, y esa diferencia es la razón por la que la incluyo. En la costa se había emitido un pronóstico y una advertencia de un huracán mayor, la gente sabía que la tormenta venía y las fallas de comunicación llegaron después del impacto, mientras que en el condado de Nelson un evento de lluvia excepcional golpeó de noche a comunidades de montaña sin nada parecido al tiempo de aviso que había recibido la costa, y las carreteras y líneas telefónicas que habrían podido llevar advertencias o llamadas de auxilio pasaban por las mismas cañadas que el agua estaba destruyendo. Una sola tormenta produjo dos problemas de comunicaciones distintos en dos estados con dos días de diferencia, y un plan escrito en torno al caso costero, con una amenaza conocida, una ventana de evacuación y una recuperación posterior al impacto, habría servido de poco a un condado que necesitaba llegar a hogares dispersos en plena noche.
Lo que realmente respalda el papel documentado de la radio
La lección consolidada de Camille y de las tormentas de su entorno no depende de ninguna historia de rescate en particular. Las redes cableadas son sistemas concentrados con puntos de falla compartidos, como los postes que llevan tanto líneas de energía como telefónicas, las centrales que necesitan energía y pisos secos, y los circuitos arrendados que pasan por la misma planta dañada, y las estaciones de radio que llevan su propia energía y no se enrutan por esa planta pueden seguir funcionando cuando la red cableada ha desaparecido. Esa propiedad se entendía mucho antes de 1969 y es la razón por la que la FCC creó RACES, por la que las reglas del servicio de aficionados contienen disposiciones para las comunicaciones de emergencia cuando los sistemas normales no están disponibles y por la que las fuerzas armadas mantuvieron MARS, y Camille es un caso documentado entre muchos que mostró esa propiedad resistiendo una prueba severa.
El mismo registro respalda ciertos límites, y los encuentro igual de útiles. La radio sigue funcionando solo si la estación tiene energía independiente, una antena todavía en pie y un operador presente, y entrega mensajes solo si alguien en el extremo receptor sabe qué hacer con ellos, de manera que una estación aficionada capaz de llegar a otro estado vale poco para una respuesta si nadie en el Centro de Operaciones de Emergencia (Emergency Operations Center, EOC) sabe que existe, qué puede transportar o cómo entregarle un mensaje. El volumen de mensajes es una restricción real, porque unas pocas redes no pueden reemplazar una red telefónica y por eso el tráfico tiene que priorizarse, y en 1969 el sistema de precedencia cumplía esa tarea.
La doctrina federal ha formalizado desde entonces buena parte de esto, pues el Marco Nacional de Respuesta (National Response Framework) asigna las comunicaciones a una Función de Apoyo de Emergencia (Emergency Support Function), la ESF-2, y FEMA y sus socios han desarrollado capacitación en comunicaciones auxiliares para voluntarios que apoyan a la seguridad pública, junto con el formulario de mensaje general ICS-213 que da a los operadores de agencias y voluntarios un formato escrito común. Esas estructuras llegaron décadas después de Camille y se nutrieron de muchos desastres, y no afirmo que Camille haya producido directamente ninguna de ellas, aunque el Congreso sí aprobó la Ley de Alivio de Desastres de 1970 (Disaster Relief Act of 1970) al año siguiente y las historias de la política federal de desastres suelen vincularla con Camille entre otras tormentas de la época, por lo que quien cite ese vínculo o las disposiciones de la ley debe leer el texto legal y una historia publicada y atribuirles la conexión.
La estación de aficionado, la base con respaldo de generador y el equipo HF en el camión del condado cuentan solo si las personas que dirigen la respuesta saben que existen, saben qué pueden transportar y tienen una ruta escrita para entregarles un mensaje. Ese conocimiento pertenece al plan de comunicaciones y a las listas de verificación de los puestos del EOC, y no a la memoria de una sola persona que quizá no se pueda localizar la noche en que importe.
Las mismas dependencias en un sistema moderno
La base remota de 1969 sobre un par telefónico arrendado tiene descendientes modernos, y algunas agencias tienen más de los que creen. Un sistema troncalizado o de transmisión simultánea (simulcast) suele enlazar sus sitios con el sitio principal mediante circuitos arrendados, fibra o microondas, y cualquiera de esos enlaces puede fallar en una tormenta aun cuando la torre y los repetidores estén bien, mientras que los sitios celulares necesitan energía comercial o de respaldo y necesitan enlace de retorno (backhaul), de modo que una torre celular con combustible en su generador y una conexión de fibra cortada queda tan muda como una sin energía. La banda ancha de seguridad pública se apoya en los mismos tipos de infraestructura. El artículo sobre Katrina en este sitio cubre cómo se manifestaron esas dependencias en 2005 y no lo repito aquí, salvo para señalar que el punto estructural es el que ilustraban las bases remotas de Camille, ya que un trayecto de radio es tan independiente como su eslabón menos independiente.
Algo ha mejorado y le importa a quien estudie estos eventos después. En 1969 nadie recopiló un registro público y estructurado de las interrupciones telefónicas tras una tormenta, lo cual explica en parte por qué no puedo darle un relato instalación por instalación de la costa de Mississippi. Hoy la FCC activa su Sistema de Reporte de Información sobre Desastres (Disaster Information Reporting System) en los eventos mayores, y los proveedores de comunicaciones reportan por esa vía el estado de sus redes, lo que da a planificadores e historiadores datos que el registro de Camille no tiene, y conviene consultar el sitio web de la FCC para saber cómo funciona actualmente el sistema y qué publica.
Varios elementos del panorama de 1969 siguen vigentes. Los móviles de vehículos que hablan directamente entre sí sin ninguna infraestructura siguen funcionando, y ese sigue siendo el respaldo que muchas agencias olvidan practicar, el tráfico de bienestar sigue inundando el canal que esté disponible a menos que se lo enrute a propósito a otro lugar, y los radioaficionados con energía propia siguen llegando fuera del área afectada cuando nada más lo logra, siempre que la agencia les haya hecho un lugar en su plan. Los relatos de desastres también siguen adelantándose al registro, por lo que la disciplina de citar fuentes y rotular las disputas se aplica a nuestros propios incidentes tanto como a Camille.
Qué hacer en su agencia
- El administrador de radio enumera todos los enlaces entre una consola de despacho y un sitio de transmisión, y entre sitios, que corran por un circuito arrendado o por fibra de un proveedor, marca cuáles tienen una ruta alterna independiente de microondas u otro tipo, y entrega la lista al director de comunicaciones a más tardar al final del mes.
- El jefe de la unidad de comunicaciones agrega al plan de comunicaciones existente, o a la plantilla ICS-205, una sección de tráfico de bienestar que indique adónde se enviarán los mensajes de salud y bienestar, ya sea a una red de aficionados, a un enlace de la Cruz Roja o a un sistema público de registro, para que no ocupen los canales de emergencia y logística.
- El director de manejo de emergencias pide al coordinador local de emergencias de ARES o RACES una lista escrita de las estaciones que pueden operar con energía independiente y llegar fuera del condado, y la archiva con la lista de verificación del puesto de comunicaciones del EOC.
- El oficial de capacitación programa un simulacro breve durante una reunión de turno ya existente, en el que dos unidades de máquina o patrulla se pasan un mensaje de vehículo a vehículo en un canal símplex con la consola de despacho fuera del trayecto, y registra cuáles unidades lo completaron.
- El supervisor de despacho confirma que haya formularios ICS-213 de mensaje general en blanco en cada consola y en el EOC, y que cada despachador de turno sepa llenar uno correctamente.
- Quien redacte los informes posteriores a la acción de la agencia agrega a la plantilla del informe una línea que exija que toda cifra de víctimas o daños lleve el nombre de la fuente que la publicó y la fecha de publicación.
Puntos clave
- El huracán Camille tocó tierra en la costa de Mississippi como categoría 5 a última hora del 17 de agosto de 1969, y la NOAA ubica la marea de tormenta máxima en aproximadamente 24 pies cerca de Pass Christian.
- La cifra de muertos comúnmente citada de 256, atribuida en general al Centro Nacional de Huracanes, combina unas 143 muertes en la costa del Golfo con 113 en las inundaciones de Virginia, y otras fuentes, incluidas las historias del condado de Nelson, dan cifras diferentes.
- El servicio cableado de la costa falló por los postes derribados que compartían las líneas de energía, el daño de la marejada, la pérdida de energía comercial y de combustible, y la pérdida de circuitos arrendados que pasaban por la misma planta dañada.
- La radio de las agencias de esa época podía fallar junto con la red telefónica dondequiera que una estación base remota dependiera de un par telefónico arrendado entre la consola y el transmisor.
- La radioafición en HF, operada con energía independiente, podía llegar más allá del área de la tormenta y llevar tráfico a agencias y familias fuera de ella, mediante estructuras que incluían RACES, el sistema de tráfico de la ARRL y MARS.
- La historia de la fiesta del huracán en los apartamentos Richelieu está en disputa y no debe contarse como un hecho, y las historias de rescate por radio sin fuente sobre Camille pertenecen a la misma categoría hasta que alguien las vincule con una fuente primaria.
- El tráfico de salud y bienestar inundará el canal que esté disponible después de un desastre a menos que el plan de comunicaciones lo enrute de antemano a un lugar específico.
- Los sistemas modernos troncalizados, celulares y de banda ancha siguen dependiendo de la energía y de los enlaces de retorno, de modo que un trayecto de radio es tan independiente como su conexión menos independiente.
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