En la noche del 2 de diciembre de 1984, entró agua a un tanque de almacenamiento que contenía aproximadamente 42 toneladas de isocianato de metilo (methyl isocyanate) en la planta de pesticidas de Union Carbide India Limited en Bhopal, Madhya Pradesh, y en las primeras horas del 3 de diciembre ese tanque liberó su contenido a la atmósfera sobre vecindarios densamente poblados que comenzaban justo en el cerco de la planta. Nadie le dijo a la gente de esos vecindarios qué era el gas, si debían correr o quedarse adentro, o qué les ayudaría. Este artículo cubre la fuga, la ausencia de aviso, la improvisación clínica en los hospitales, la cifra de muertos en disputa, y la ley estadounidense de derecho a saber de la comunidad que surgió de todo esto.
- La planta, el tanque y el estado de sus sistemas de seguridad
- La noche del 2 y 3 de diciembre de 1984
- Sin aviso, y sin orientación sobre qué hacer
- Hospitales tratando un gas que nadie quería nombrar
- Contar a los muertos donde las cifras están en disputa
- Lo que se acepta sobre el mecanismo y lo que sigue en disputa
- La respuesta estadounidense: EPCRA y el Título III de SARA
- Dónde está hoy realmente el derecho a saber de la comunidad
- Qué hacer en su agencia
- Puntos clave
La planta, el tanque y el estado de sus sistemas de seguridad
La planta de Bhopal era operada por Union Carbide India Limited, empresa en la que la matriz estadounidense, Union Carbide Corporation, tenía una participación mayoritaria de aproximadamente el 51 por ciento, y el resto estaba en manos de inversionistas indios y aseguradoras estatales indias. La instalación formulaba y, desde comienzos de la década de 1980, fabricaba el insecticida carbamato carbaril, vendido bajo la marca Sevin, y la ruta del proceso pasaba por el isocianato de metilo (methyl isocyanate, MIC), un líquido de punto de ebullición bajo y alta reactividad que reacciona violentamente con el agua y cuyo vapor es aproximadamente el doble de denso que el aire. El isocianato de metilo se almacenaba en el sitio en tres tanques parcialmente enterrados designados 610, 611 y 619, y el tanque 610 contenía del orden de 42 toneladas la noche de la fuga.
Hacia finales de 1984 la planta operaba muy por debajo de su capacidad, la demanda de carbaril había caído, se habían recortado los presupuestos de personal y mantenimiento, y varias de las protecciones de ingeniería alrededor del inventario de isocianato de metilo estaban apagadas o no se encontraban en condiciones de funcionar. El sistema de refrigeración destinado a mantener el líquido almacenado cerca de cero grados Celsius llevaba meses fuera de servicio, y según se reporta el refrigerante había sido retirado para usarlo en otro lugar. El depurador de gases de venteo (vent gas scrubber), que debía neutralizar el isocianato que escapara con soda cáustica, no estaba en condiciones de funcionar y de todas formas estaba dimensionado para una fuga menor del proceso y no para un tanque desbocado. La torre de quema (flare tower) río abajo estaba fuera de servicio porque una sección de la tubería de conexión se había corroído y había sido retirada, y la cortina de agua pulverizada no alcanzaba la altura a la que el gas realmente salía de la chimenea.
Nada de esto era un secreto para todos. Una auditoría de seguridad realizada en 1982 por un equipo de la matriz estadounidense identificó una lista considerable de peligros en la planta, incluida la preocupación por la posibilidad de una fuga de gran magnitud. Un trabajador, Mohammed Ashraf, había muerto tras una exposición a fosgeno en la planta en 1981. Un periodista local, Rajkumar Keswani, publicó entre 1982 y 1984 una serie de artículos en periódicos de Bhopal advirtiendo que la planta podía destruir la ciudad, y esos textos llegaron a los lectores sin llegar a nadie con la autoridad para actuar sobre ellos.
La noche del 2 y 3 de diciembre de 1984
En la noche del 2 de diciembre, los trabajadores del área de isocianato de metilo notaron irritación en los ojos y un olor compatible con una fuga, algo que en sí mismo no era inusual en esa planta, y los relatos del turno describen una búsqueda del origen y la decisión de atenderlo después del descanso para el té. Para ese momento ya había agua dentro del tanque 610, y la reacción entre el agua y el isocianato de metilo es fuertemente exotérmica y genera gas, de modo que la temperatura y la presión del tanque subieron juntas. Se entiende, en general, que los contaminantes presentes en el tanque, incluido el hierro proveniente de la corrosión de las paredes del recipiente, catalizaron reacciones adicionales una vez que subió la temperatura, lo que aceleró el proceso.
Poco después de medianoche, la presión del tanque superó el ajuste de la válvula de alivio y el contenido se descargó a través de esa válvula, el depurador y la chimenea hacia el aire libre. El venteo continuó durante algo del orden de una a dos horas antes de que el tanque se vaciara. Las estimaciones publicadas de la masa liberada suelen ubicarse entre aproximadamente 30 y 40 toneladas de isocianato de metilo junto con productos de reacción y descomposición, y la composición exacta de lo que salió por la chimenea nunca ha sido caracterizada por completo, lo cual importa desde el punto de vista clínico y sobre lo cual volveré más adelante.
La meteorología no pudo haber sido peor. Los vientos eran débiles, el aire nocturno era estable, y el gas, al ser más pesado que el aire, se mantuvo bajo y se desplazó lentamente sobre los asentamientos ubicados inmediatamente al sur y al este de la planta, incluidos JP Nagar, Kazi Camp y Chola Kenchi, y siguió hacia la estación de tren de Bhopal y la ciudad vieja. La gente despertó sin poder respirar, con ardor en los ojos y vómito, en la oscuridad, en una zona de callejones angostos y sin alumbrado público en muchas cuadras. Se reporta ampliamente que el personal ferroviario de la estación impidió que los trenes que llegaban descargaran pasajeros dentro de la nube, a costa de su propia exposición, y el jefe de estación, Harish Dhurve, murió.
El vapor de isocianato de metilo es más denso que el aire y se acumula cerca del suelo, de modo que las acciones menos malas disponibles para un residente sin protección esa noche eran quedarse adentro, cerrar las aberturas, subir a un piso alto si existía, y respirar a través de un paño húmedo. Lo que realmente ocurrió fue que miles de personas corrieron, lo que aumentó su frecuencia respiratoria y su volumen minuto, las mantuvo dentro de la nube por más tiempo, y las dejó boca abajo en la capa de menor concentración cuando colapsaron. La orientación sobre refugio solo funciona si se distribuyó meses antes, en el idioma que la gente habla, antes de que alguien se esté asfixiando.
Sin aviso, y sin orientación sobre qué hacer
No existía un sistema de alerta comunitaria en ningún sentido significativo. Los relatos de esa noche describen que la sirena de la planta sonó y luego fue silenciada, con una sirena pública que sonó después, y según se reporta la planta usaba la misma sirena para fines rutinarios como cambios de turno y simulacros, de modo que los residentes no tenían base para distinguir una señal de emergencia de un ruido ordinario. Yo trataría la secuencia exacta de la sirena como un punto en disputa en la literatura y no como algo resuelto, y el punto operacionalmente importante no depende de resolverlo, porque incluso una sirena correctamente activada no habría transmitido nada procesable a una población a la que nunca se le había dicho qué fabricaba la planta, qué les haría, o qué hacer al respecto.
No existía ningún plan de emergencia que cubriera los vecindarios fuera del cerco. No había protocolo de notificación externa hacia la administración distrital, ningún mensaje público preescrito, ninguna ruta designada de refugio o evacuación, y ningún arreglo con la policía o el municipio para mover a la gente en dirección perpendicular al viento. Los funcionarios distritales, la policía y el personal hospitalario se enteraron de lo que ocurría por las víctimas que llegaban frente a ellos. Las personas que vivían más cerca de la planta eran, en muchos casos, las que tenían menos capacidad de irse, en asentamientos no autorizados que habían crecido contra un límite industrial porque ahí era donde había tierra disponible.
La ausencia que quiero subrayar es informacional y no mecánica. Los residentes no sabían el nombre del químico, no sabían que era más pesado que el aire, no sabían que un paño húmedo sobre la cara ofrecía protección parcial, y no sabían en qué dirección alejarse. Cada uno de esos elementos es barato de distribuir y costoso de retener, y el caso de Bhopal es la razón por la que dos años después, en la ley estadounidense, la información pública sobre materiales peligrosos almacenados en una comunidad dejó de tratarse como una cortesía.
Hospitales tratando un gas que nadie quería nombrar
El Hospital Hamidia y el Hospital Jawaharlal Nehru recibieron la mayor parte de la carga, y el volumen de pacientes en las primeras horas superó cualquier cosa para la que cualquiera de las dos instituciones se hubiera preparado, con cifras que suelen citarse en el rango de decenas de miles atendidos dentro del primer día y más de cien mil en los primeros varios días. El cuadro que se presentaba era lesión grave conjuntival y corneal, irritación laríngea y traqueal, broncoespasmo y edema pulmonar, con muertes por insuficiencia respiratoria. Los médicos hicieron lo que el cuadro indicaba, que era oxígeno, broncodilatadores, esteroides en muchos casos, e irrigación ocular, todo de soporte porque no existe antídoto para el isocianato de metilo.
Lo que no pudieron obtener fue la identidad y la composición de la exposición. Los relatos de esa noche reportan que al personal hospitalario que llamó a la planta por teléfono se le dijo que el gas no era venenoso y que bastaba con lavar los ojos con agua, y presento esto como lo que reportan las crónicas publicadas y no como la transcripción verificada de una conversación específica. Union Carbide no tenía, y la India no exigía, un mecanismo para enviar información toxicológica a un médico tratante a las tres de la mañana. Los médicos de Bhopal quedaron reducidos a inferir la toxicología a partir de los pacientes que tenían enfrente, lo cual es un enfoque clínico defendible y un sustituto terrible de saber qué había en la nube.
La controversia sobre el tiosulfato de sodio surgió directamente de ese vacío. Algunos médicos, entre ellos el toxicólogo alemán Max Daunderer, quien viajó a Bhopal, y posteriormente el Consejo Indio de Investigación Médica (Indian Council of Medical Research, ICMR), abogaron por el tiosulfato de sodio intravenoso bajo la teoría de que metabolitos similares al cianuro contribuían a la toxicidad sistémica, y reportaron mejoría clínica en los pacientes tratados. La posición de Union Carbide y la de otras autoridades fue que el mecanismo del cianuro no estaba establecido, la recomendación se retiró y se reinstauró en distintos momentos, y el tratamiento terminó enredado con el litigio. La cuestión de la eficacia nunca se ha resuelto a satisfacción de todos, así que a quien necesite resolverla lo remitiría a las investigaciones publicadas por el ICMR y a la literatura toxicológica revisada por pares, y no a ningún resumen secundario, incluido este.
Contar a los muertos donde las cifras están en disputa
La cifra de muertos de Bhopal no es simplemente incierta, está cargada políticamente, y los números publicados en cada extremo del rango provienen de instituciones con intereses distintos y reglas de conteo distintas. En los primeros días se enterraron y cremaron cuerpos en grandes cantidades sin registro, muchas de las personas expuestas eran migrantes y residentes no autorizados que no aparecían en ningún padrón municipal, y las muertes derivadas de la exposición continuaron durante años, de modo que la pregunta de dónde cerrar el conteo determina la respuesta.
En el extremo inferior, se registró un conteo oficial inmediato de aproximadamente 2.259 muertes en los primeros días a partir de los registros hospitalarios y municipales. El gobierno del estado de Madhya Pradesh ha manejado desde hace tiempo una cifra oficial de 3.787 muertes atribuidas a la fuga de gas. Una declaración jurada presentada por el Gobierno de la India ante la Corte Suprema en 2006 afirmó que la fuga había causado 3.787 muertes y unas 558.125 lesiones, de las cuales aproximadamente 3.900 fueron clasificadas como discapacidades graves y permanentes. Por separado, el mecanismo de reclamaciones establecido bajo la ley india otorgó compensación en un número mayor de casos de muerte, con una cifra comúnmente reportada de alrededor de 5.295, y la diferencia entre ese número y 3.787 es una diferencia en lo que se estaba contando y no una simple contradicción.
En el extremo superior, el informe de Amnistía Internacional (Amnesty International) de 2004, publicado en el vigésimo aniversario, estimó que aproximadamente 7.000 personas murieron dentro de los primeros días de la fuga y unas 15.000 más en los años siguientes, con más de 100.000 personas que padecen enfermedad crónica. Organizaciones de sobrevivientes y de campaña, incluida la International Campaign for Justice in Bhopal, publican totales cercanos a 25.000. Esas cifras y las del gobierno indio difieren por un factor de cinco o más, y promediarlas sería deshonesto. Cualquiera que tenga que citar una cifra necesita publicar el rango con el nombre de quien lo publica en cada extremo y la regla de conteo indicada junto a él, y los registros subyacentes se encuentran en la Dirección de Reclamaciones de Madhya Pradesh, los estudios de cohorte de largo plazo del ICMR, y el expediente de la Corte Suprema de la India en el litigio de conciliación.
Lo que se acepta sobre el mecanismo y lo que sigue en disputa
El mecanismo físico no está en disputa. El agua llegó hasta el isocianato de metilo en el tanque 610, la reacción exotérmica produjo calor y gas más rápido de lo que el tanque podía contener, y la mitigación de ingeniería río abajo fue incapaz de manejar el flujo resultante. Cómo llegó el agua al tanque sí está genuinamente en disputa, y ningún tribunal ha resuelto esa disputa de una manera que ambas partes acepten.
La posición del gobierno indio, respaldada por la mayoría de los análisis independientes y por los relatos de los trabajadores del turno, es que el agua entró a través de la tubería del proceso durante o después de una operación de lavado con agua en líneas conectadas al sistema de tanques, algo posible por un aislamiento faltante o ineficaz, en una planta cuyo mantenimiento e instrumentación se había dejado deteriorar. Union Carbide Corporation sostuvo, con base en una investigación que encargó y presentó públicamente en 1988 a través de Arthur D. Little, que un empleado descontento conectó deliberadamente una manguera de agua al tanque y que la fuga fue un sabotaje y no una falla operativa. Esa es una tesis en disputa de la empresa y no un hallazgo de un organismo investigador independiente, y debe leerse como el relato de una de las partes sobre el origen.
El expediente legal es independiente del causal. La India promulgó en 1985 la Ley del Desastre de la Fuga de Gas de Bhopal (Procesamiento de Reclamaciones) (Bhopal Gas Leak Disaster, Processing of Claims, Act), que convirtió a la Unión de la India en la única representante legal de las víctimas, y en 1989 la Corte Suprema de la India aprobó una conciliación de 470 millones de dólares estadounidenses entre el gobierno y Union Carbide, que extinguió los reclamos civiles y que las organizaciones de sobrevivientes han impugnado desde entonces. Los procesos penales continuaron, y en junio de 2010 un tribunal de primera instancia indio condenó a siete exfuncionarios de UCIL por causar la muerte por negligencia, con penas de dos años y multas, veredictos que fueron apelados. Warren Anderson, presidente de la corporación en ese momento, nunca fue juzgado en la India y murió en 2014, y una petición correctiva de la Unión de la India que buscaba compensación adicional fue desestimada por la Corte Suprema de la India en marzo de 2023.
Ya sea que el agua entrara al tanque 610 por una operación de lavado o por un acto deliberado, las consecuencias fuera del sitio quedaron determinadas por elementos que no estaban en disputa: un inventario grande de un líquido agudamente tóxico y reactivo con el agua, equipo de mitigación fuera de servicio, viviendas densas justo en el límite del cerco, ninguna vía de notificación externa, ninguna orientación pública sobre refugio, y ninguna información toxicológica disponible para los médicos tratantes. Cada uno de esos es un fallo de planificación que un comité local de planificación de emergencias puede inventariar hoy sin tomar posición sobre el origen.
La respuesta estadounidense: EPCRA y el Título III de SARA
Bhopal llegó a los Estados Unidos como una pregunta sobre las plantas del vecindario. Union Carbide operaba una unidad de isocianato de metilo en Institute, Virginia Occidental, y en agosto de 1985 una fuga de oxima de aldicarb y cloruro de metileno de esa planta envió, según se reportó, a más de cien personas a hospitales de la zona, lo que eliminó cualquier argumento político restante de que este era un problema confinado a otro país. La Agencia de Protección Ambiental (Environmental Protection Agency, EPA) ya había puesto en marcha en 1985 un Programa Voluntario de Preparación para Emergencias Químicas (Chemical Emergency Preparedness Program) con una lista de químicos agudamente tóxicos, y varios estados se adelantaron, Nueva Jersey con su Ley de Prevención de Catástrofes Tóxicas (Toxic Catastrophe Prevention Act) y California con un programa de gestión y prevención de riesgos.
El Congreso promulgó entonces la Ley de Planificación de Emergencias y Derecho a Saber de la Comunidad (Emergency Planning and Community Right-to-Know Act, EPCRA) de 1986, aprobada como el Título III de la Ley de Enmiendas y Reautorización del Superfondo (Superfund Amendments and Reauthorization Act, SARA), y la estructura que creó es aquella dentro de la cual los respondedores estadounidenses siguen trabajando. Exigió que cada estado estableciera una Comisión Estatal de Respuesta a Emergencias (State Emergency Response Commission, SERC), la cual a su vez designaba distritos de planificación de emergencias y nombraba un Comité Local de Planificación de Emergencias (Local Emergency Planning Committee, LEPC) para cada uno, con una membresía estatutaria integrada por funcionarios electos, bomberos, policía, servicios médicos de emergencia, salud pública, hospitales, medios de radiodifusión e impresos, grupos comunitarios, y las propias instalaciones reguladas. Cada comité debía redactar y revisar anualmente un plan de respuesta de emergencia externo que cubriera las instalaciones que tuvieran sustancias extremadamente peligrosas por encima de las cantidades de planificación umbral, y cada instalación cubierta debía nombrar un coordinador de emergencias para trabajar con ese comité.
Las disposiciones sobre información son la parte que lleva de manera más directa la huella de Bhopal. Las instalaciones deben dar aviso inmediato de una fuga que deba reportarse al LEPC y a la SERC y, para ciertas sustancias, al Centro Nacional de Respuesta (National Response Center), con un seguimiento por escrito. Deben proporcionar hojas de datos de seguridad o listas de químicos e informes anuales de inventario químico, generalmente presentados como Tier II, al LEPC, a la SERC y al cuerpo de bomberos local, y esos inventarios están disponibles para el público que los solicite. Una sección separada creó el Inventario de Emisiones Tóxicas (Toxics Release Inventory, TRI), una base de datos anual y consultable públicamente sobre emisiones y transferencias rutinarias por instalación, lo cual fue la primera vez que un residente estadounidense pudo consultar qué estaba emitiendo al aire una planta vecina sin pedirle permiso a nadie. Las Enmiendas de 1990 a la Ley de Aire Limpio (Clean Air Act) añadieron la cláusula de deber general (general duty clause) de la sección 112(r) y la norma del Programa de Gestión de Riesgos (Risk Management Program, RMP) en 40 CFR parte 68, y autorizaron a la Junta de Seguridad Química e Investigación de Riesgos (Chemical Safety and Hazard Investigation Board, CSB), mientras que OSHA emitió en 1992 la norma de Gestión de la Seguridad de Procesos (Process Safety Management, PSM) en 29 CFR 1910.119. Los umbrales de reporte, los formularios y los plazos han cambiado repetidamente desde entonces, así que verifique los requisitos vigentes con la EPA y con la comisión estatal de respuesta a emergencias de su estado en lugar de con cualquier resumen de la ley original.
Dónde está hoy realmente el derecho a saber de la comunidad
El marco funciona cuando alguien lo usa, y el modo de falla que más he visto es un Comité Local de Planificación de Emergencias que existe en el padrón estatal, tiene un presidente nombrado hace años, y no se ha reunido, no ha revisado su plan, ni ha hecho un estudio de flujo de mercancías en más tiempo del que nadie puede documentar. Los informes Tier II llegan cada año, se archivan, y nunca se leen contra un mapa, de modo que el oficial que llega primero a un incendio en una instalación no tiene idea de qué hay adentro hasta que alguien encuentra la placa del tanque. Corregir eso cuesta tiempo de personal y no dinero, y es la tarea de preparación para materiales peligrosos de mayor rendimiento disponible para un condado pequeño.
El acceso público también se ha reducido en un área específica. La parte del análisis de consecuencias externas (offsite consequence analysis) del plan de gestión de riesgos de una instalación, que es la parte que describe los escenarios de fuga en el peor de los casos y la población que podría verse afectada, fue restringida de la difusión pública amplia por una ley federal de 1999, por la preocupación de que funcionara como una lista de objetivos, y el acceso se restringió aún más después de 2001. El material todavía existe y puede revisarse bajo condiciones controladas, así que consulte con la EPA sobre el procedimiento vigente para obtenerlo, pero el resultado práctico es que la parte del registro más cercana a la pregunta de Bhopal sobre quién vive dentro de la nube es la parte que un residente no puede simplemente descargar.
En cuanto al aviso, ahora existen herramientas que en Bhopal faltaban por completo, incluido el Sistema Integrado de Alerta y Aviso Público (Integrated Public Alert and Warning System, IPAWS), las Alertas Inalámbricas de Emergencia (Wireless Emergency Alerts, WEA) dirigidas geográficamente a un polígono, sirenas exteriores donde las comunidades las mantienen, y sistemas de notificación telefónica. Lo que no se ha seguido automáticamente es el contenido. Una alerta que dice que ha ocurrido una fuga química y que hay que refugiarse en el lugar es casi inútil si a nadie en el vecindario se le ha dicho nunca qué significa refugiarse en el lugar, que implica cerrar las ventanas y apagar el sistema de calefacción, ventilación y aire acondicionado, que es distinto de evacuar, y que en algunas fugas subir es mejor que salir. Ese trabajo de educación pública le corresponde al LEPC y a la oficina local de gestión de emergencias, es aburrido, y tiene que hacerse antes de que suene el buscapersonas.
Tratar la presentación anual del inventario como un registro de cumplimiento para un archivador y no como un insumo de planificación previa. La versión útil es un mapa de la jurisdicción con cada instalación que reporta ubicada en él, las sustancias extremadamente peligrosas y sus cantidades anotadas, y las escuelas, hogares de ancianos, guarderías y conjuntos de apartamentos dentro de una huella verosímil a favor del viento enumerados para cada una, guardado donde el despacho y el oficial que llega primero puedan acceder a él a las dos de la mañana. Si la única copia vive en la oficina del gerente de emergencias, no existe durante un incidente.
Qué hacer en su agencia
- Pida a su gerente de emergencias o a su comisario de bomberos que solicite las presentaciones Tier II vigentes al Comité Local de Planificación de Emergencias o a la comisión estatal de respuesta a emergencias, y que produzca un solo mapa con cada instalación que reporta en la jurisdicción, con sus sustancias extremadamente peligrosas y cantidades.
- Averigüe con el gerente de emergencias de su condado cuándo se reunió por última vez su Comité Local de Planificación de Emergencias y cuándo revisó por última vez su plan externo, y si la respuesta es más de un año, incluya la revisión del plan en la agenda de la próxima reunión de cualquier organismo multiagencial que ya se convoque en su condado.
- Llame al coordinador de emergencias designado para la instalación química más grande que usted protege, confirme que el número de 24 horas responde, pregunte quién puede proporcionar la identidad y la cantidad del químico a un médico de hospital durante la noche, y registre ese nombre y número en el archivo de contactos del CAD con la fecha de verificación.
- Pregúntele al director médico del departamento de emergencias de su hospital receptor cómo obtendría el departamento orientación toxicológica durante un evento químico con víctimas masivas, confirme que el número vigente del centro de control de intoxicaciones esté publicado, y anote si el hospital cuenta con la lista de instalaciones de su jurisdicción.
- Haga que el supervisor de comunicaciones envíe un mensaje de prueba a través de su sistema de alerta usando el lenguaje de refugio en el lugar, y verifique si el texto realmente le dice al residente que cierre las ventanas, apague la calefacción y el aire acondicionado, y no use el teléfono, en lugar de solo nombrar el peligro.
- Redacte un párrafo dentro del anexo de materiales peligrosos de su plan de operaciones de emergencia existente que especifique quién está autorizado para ordenar el refugio en el lugar frente a la evacuación ante una nube química externa, y cómo esa decisión llega al público dentro de los diez minutos siguientes.
- Ofrezca una actividad de información pública este trimestre, en una escuela, un conjunto habitacional o una reunión comunitaria dentro de una huella de nube que ya haya mapeado, explicando qué se almacena cerca y qué hacer, y documente la fecha y la asistencia.
Puntos clave
- El agua entró a un tanque que contenía aproximadamente 42 toneladas de isocianato de metilo en la planta de Union Carbide India Limited en Bhopal en la noche del 2 de diciembre de 1984, y la reacción desbocada resultante liberó a la atmósfera un estimado de 30 a 40 toneladas de gas y productos de reacción sobre los vecindarios adyacentes en las primeras horas del 3 de diciembre.
- El sistema de refrigeración estaba fuera de servicio, el depurador de gases de venteo no estaba listo ni dimensionado para el evento, y la torre de quema estaba desconectada, de modo que la fuga llegó a la comunidad prácticamente sin mitigación.
- No existía una capacidad de aviso comunitario que mereciera ese nombre, ningún plan de emergencia externo, ninguna ruta designada de refugio o evacuación, y ninguna educación pública, de modo que los residentes corrieron hacia un vapor más pesado que el aire en lugar de refugiarse adentro y cubrirse el rostro.
- Los médicos de Bhopal trataron a decenas de miles de pacientes sin una identidad ni una composición química confirmadas, sin antídoto disponible, y la controversia sobre el tiosulfato de sodio que siguió sigue sin resolverse en la literatura.
- La cifra de muertos está en disputa en un rango amplio, con un conteo oficial inmediato de aproximadamente 2.259, una cifra del gobierno de Madhya Pradesh de 3.787, compensación otorgada en unos 5.295 casos de muerte, y la estimación de Amnistía Internacional de 2004 de aproximadamente 7.000 muertes dentro de los primeros días y unas 15.000 más en años posteriores, mientras que las organizaciones de sobrevivientes publican cifras cercanas a 25.000.
- El mecanismo físico del contacto del agua con el isocianato de metilo es aceptado, mientras que la ruta por la cual el agua entró al tanque está en disputa, con el gobierno indio y la mayoría de los análisis independientes señalando fallas de mantenimiento y aislamiento, y Union Carbide sosteniendo que fue un sabotaje deliberado.
- Los Estados Unidos respondieron con la Ley de Planificación de Emergencias y Derecho a Saber de la Comunidad de 1986, promulgada como el Título III de SARA, que creó comisiones estatales, Comités Locales de Planificación de Emergencias, planes externos, notificación de fugas, reporte de inventario químico y el Inventario de Emisiones Tóxicas, seguida por la sección 112(r) de la Ley de Aire Limpio, el Programa de Gestión de Riesgos y la norma de Gestión de la Seguridad de Procesos de OSHA.
- Ese marco solo funciona donde el comité realmente se reúne y los datos del inventario llegan al oficial que llega primero, así que verifique los requisitos de reporte vigentes con la EPA y con la comisión estatal de respuesta a emergencias de su estado, y revise cuándo su propio LEPC revisó su plan por última vez.
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